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Salvador de Bahía, la más africana de las capitales brasileñas, además de ser la principal puerta de entrada a las atracciones turísticas del nordeste de Brasil, es una tierra de regocijo, festividades, paz y hospitalidad, rodeada de kilómetros de playas, cuyo sol calienta más de 300 días al año. Trópico brasileño Bautizada en homenaje e Jesucristo por Tomé de Souza, gobernador general de Portugal en el Brasil, Salvador fue capital del país desde 1549 hasta 1763, año en el cual pasó a ser Río de Janeiro. Hoy Salvador de Bahía es una prominente ciudad brasileña. En su centro histórico, conocido como Pelourinho, se encuentra el mayor conjunto barroco de América Latina – arquitectura colonial de los siglos XVII y XVIII – en un estado de conservación admirable. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. Salvador cuenta con más de 40 iglesias históricas erigidas entre los siglos XVI y XIX. La Iglesia de Bonfim, en lo alto de una colina en la península de Itapagipe, es uno de los puntos de visita obligados, si se quiere un acercamiento religioso a la ciudad. Según la tradición, quien visita Salvador debe atarse una cinta del Señor de Bonfim en la muñeca y pedir tres deseos. Al caerse la cinta por sí sola, los deseos se habrán cumplido. Entre otros templos importantes se encuentran la Catedral Basílica de Salvador, con sus trece altares que aun conserva, y un altar mayor de talla dorada con dieciocho columnas dóricas; la Ordem Terceira de San Francisco, un ejemplar único de estilo plateresco; la Iglesia de San Francisco, conocida como la “iglesia de oro”, por su interior en talla dorada y considerada el más bello ejemplo de barroco en las Américas; la Iglesia del Rosario de los Pretos, construidas por los esclavos negros, uno de los más bellos monumentos religiosos de Pelourinho; y la Iglesia del Santísimo Sacramento de Rua do Passo. La riqueza y variedad de las manifestaciones folclóricas de Bahía son muestra de los procesos de aculturación y sincretismo de la cultura bahiana. Quizás la mejor expresión de ese sincretismo es el candomblé. En esta región que venera las divinidades ancestrales africanas u orixás – el 80 por ciento de la población desciende de la raza negra – cada orixá tiene su divinidad correspondiente en la Iglesia Católica, con sus características propias. Entre las manifestaciones culturales típicas de Salvador de Bahía se encuentran la capoeira, una mezcla de danza y arte marcial de origen angoleño, ideada por los esclavos como medio de defensa personal, y bailada al ritmo de tambores y el berimbau (instrumento en forma de arco y de una sola cuerda); la samba-de-roda, una variedad primitiva de pura samba, cuyos participantes bailan en círculo, al ritmo de las palmas; y el maculelé, una lucha de ritmo marcada, en la que los contendientes combaten con palos o machetes. La capital de estado de Bahía se divide en dos partes: Ciudad Alta y Ciudad Baja, unidas espectacularmente por el Elevador Lacerda, el mayor ascensor público de Brasil, que cada día transporta a miles de personas y que abre sus puertas en la Ciudad Baja justo frente al Mercado Modelo y en la Ciudad Alta junto al Palacio Branco, la antigua residencia de gobernadores generales, virreyes y presidentes de la provincia. Desde la Ciudad Alta se tiene una vista inolvidable de la Bahía de Todos los Santos. La gran ensenada, con sus 36 islas, es la mayor bahía navegable del Brasil y está considerada uno de los mejores lugares en toda América para la práctica de deportes acuáticos. Alrededor de la Bahía de Todos los Santos se hallan cerca de 40 playas y más de 20 kilómetros de costa, que complacen en distintos puntos a surfistas o a familias con niños pequeños.
El Mercado Modelo es hoy uno de los mayores y más animados centros de ventas de artesanías de la ciudad. En su interior son más de 250 las tiendas que ofertan bordados, artículos religiosos, flores, camisetas y souvenirs. Por toda la ciudad hay diseminados parques de atracciones, entre ellos el Parque Costa Azul, un complejo cultural y deportivo; el Parque Pituacu, una extensión de 425 hectáreas, instaurado alrededor de una lago; y el Parque Abaeté, 400 hectáreas para atracciones culturales y naturales. Casi una veintena de museos están a disposición del visitante. En el Solar de Unhao, por sólo mencionar uno, con una admirable vista de la Bahía de Todos los Santos, y adjunto al Museo de Arte Moderno de Bahía, se halla el Parque de las Esculturas Unhao, inaugurado recientemente, que hoy muestra obras de 21 artistas bahianos de renombre internacional. Aquí, en la Tierra de Todos los Santos, siempre hay fiesta en una esquina. Con frecuencia se escucha decir que “cuando el bahiano no está celebrando, se está preparando para celebrar”. Como parte
de las festividades de fin de año, cientos de embarcaciones atraviesan
la Bahía de Todos los Santos acompañando a la estatua del
Cristo desde la Iglesia de Concepción de la Playa hasta la capilla
de Boa Viagem. En enero, unos 800000 devotos del Cristo de Bonfim se visten
de blanco y recorren varios kilómetros hasta la Iglesia de Bonfim.
La fiesta de lemanjá atrae el 2 de febrero a devotos de todo el
país. Un cortejo de cientos de embarcaciones que ofrecen a la Reina
de lo Mares presentes como flores, joyas, perfumes, espejos, esmaltes.
La temporada festiva alcanza su clímax con la celebración del Carnaval de Bahía, el mayor carnaval callejero del mundo. Tras el llamado trio eletrico – un camión de unos doce metros, en cuya plataforma una banda de músicos interpreta ritmos populares – marchan las multitudes, contagiadas con el ritmo de la música bahiana. La fiesta, que llega a reunir hasta un millón y medio de personas, termina en la Plaza Castro Alves, donde se reúnen todos en un encuentro apoteósico. Los meses
de verano deben dejar espacio y tiempo para visitar las playas de Salvador.
Porto da Barra, Farol da Barra, Ondina, Rio Vermelho, Amaralina, Jardim
de Alah, Praia dos Artistas, Corsário, Itapuá, Praia do Flamengo,
ocupan sólo parte de los 30 kilómetros de playa de la ciudad.
Buscar en las cálidas y transparentes aguas de la Bahía de Todos los Santos es siempre una experiencia llena de sorpresas. Arrecifes coralinos y buques hundidos atraen a buceadores principiantes y experimentados de todas partes del mundo. Peces multicolores, algas, esponjas y numerosas especies marinas animan la inmersión. Puntos históricos como los fuertes de San Antonio de Barra, Santa María, San Pedro, San Marcelo, Mont Serrat, San Antonio, Barbalho se suman al espectro de atracciones turísticas de la ciudad. Desde
Salvador se pueden visitar otros sitios de interés turístico
de la región como Praia do Forte, a 80 kilómetros hacia el
norte, donde se encuentran algunas de las mejores playas del estado; Cachoeira,
un encantador poblado colonial a 112 kilómetros de distancia, declarado
Patrimonio de la Humanidad y uno de los centros más importantes
para el estudio del patrimonio africano en el Brasil; o Lencois en la Chapada
Diamantina.
Lo que una época fue un pequeño puerto tropical, es hoy una ciudad de efervescente vida cultural, tesoros artísticos e históricos, ese lugar especial del Brasil donde, como dicen los bahianos: |
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