EL
MAR ROJO Y SUS RIQUEZAS
Resulta una
sensación impresionante sumirse en las aguas del mar Rojo, y verse
rodeado de cientos de peces de colores. Existen dos teorías sobre
el nombre de este mar; una afirma que durante ciertas épocas hay
algas que colorean de púrpura las aguas, y la otra sostiene que
el nombre se debe a las llamativas tonalidades que adquiere el cielo durante
sus atardeceres.
Lo cierto es
que las aguas del mar Rojo ofrecen distintos matices cromáticos,
desde el azul marino al celeste, pero las tierras que lo rodean son de
textura rocosa, dorada y parda. Debido a los movimientos de la corteza
terrestre, este mar no deja de crecer: África continúa alejándose
de la Arabia, y según los científicos llegará un día,
dentro de millones de años, en que el mar Rojo alcanzará
el tamaño del Atlántico.
En la actualidad
se trata de un filón turístico, un lugar donde poder dedicarse
a deportes acuáticos y subacuáticos, sin olvidar las visitas
a la arqueología egipcia. El clima es muy templado y el agua suele
estar muy tibia siempre, a unos 20 grados, por lo que el turismo puede
practicarse casi todo el año. De un tiempo a esta parte, el aumento
del turismo ha llegado hasta las pequeñas aldeas.
Egipto posee
1.000 kilómetros de costa del mar Rojo. Se trata de un litoral rocoso
y lleno de montañas, donde las aguas conservan una sorprendente
pureza debido a que no hay afluentes fluviales que vayan a parar a ellas,
y a que las lluvias son además muy poco frecuentes. De ahí
que se conviertan en una especie de espectacular pecera gigante, donde
se pueden contemplar los arrecifes de coral, las algas, los delfines, tortugas
y tiburones. Las madréporas sirven de refugio y hábitat a
miles de especies de peces, y, a causa de la particular biografía
geológica del mar Rojo, casi una cuarta parte de su fauna marina
no existe en ningún otro lugar del planeta.
Existe desde
luego el peligro que encarnan las rutas mercantes, la especulación
urbanística y la sobreexplotación turística, pero
en 1989 el área fue declarada Parque Nacional y hoy disfruta de
un cuidado legislativo particular. Anwar el-Sadat promovió el desarrollo
turístico en la década de los setenta, y así crecieron
pequeñas ciudades como Hurghada o Sharm el-Sheik, verdaderos miradores
sobre el mar Rojo, que ofrecen una minuciosa gama de servicios, desde clubes
de vacaciones hasta escuelas para submarinistas. En Hurghada puede encontrarse
un grupo de hoteles importantes, un centro comercial y Sekalla, el antiguo
núcleo urbano.
Otro foco de
atención turística es el-Gouna, dotado con lagos y hoteles,
a imitación de la Venecia italiana. A razonable distancia de Hurghada
se encuentran la ciudad de El Cairo, Luxor, Karnak, Asuán y los
monasterios de San Pablo y San Antonio.
El submarinismo
es aquí una actividad gratificante. Se intenta proteger los cúmulos
de coral en los últimos años, y existen muchas islas que
visitar, como Giftun, y en el estrecho de Gobal, donde yacen multitud de
barcos que se fueron un día a pique, como el Thistlegorm, un carguero
inglés hundido durante la segunda guerra mundial. Otros centros
de interés para el submarinista son las islas Brothers, llenas de
arrecifes coralinos, o la isla de Zabargad, situada en territorio militar.
Un lugar menos
turístico y más apacible es Quseir, que sigue conservando
una atmósfera más auténtica y menos turística,
en contraste con la creciente Sharm el-Sheikh. Desde aquí se realizan
excursiones al desierto del Sinaí, paseos en dromedario, la montaña
la que subió Moisés y el monasterio de Santa Catalina. Además
de su impresionante paisaje, el desierto del Sinaí fue la cuna del
Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Abundan también las
excursiones organizadas para submarinistas, como en los rimeros de esponjas
de Tiran, y el mar disfruta de particular protección. En la Bahía
del Jeque abundan los grandes hoteles, pero más interés ofrece
Ras Muhammad, con su extraordinaria muralla de coral y sus aguas cristalinas.
La protección oficial del Cabo del Profeta es muy estricta, al ser
Parque Nacional: sus paisajes y sus lechos marinos no conocen igual.
En cuanto a
la fauna marina del mar Rojo, hay que destacar la presencia de treinta
especies de tiburones. Hay tiburones blancos, negros, grises, martillos,
makos, y el más peligroso de todos: el tiburón tigre. Este
mar posee algunas características muy especiales: el agua es transparente
y tibia, no hay ríos ni sedimentos, escasea la lluvia y la evaporación
es muy intensa. Hay más de cuatrocientas especies de corales, y
el alga culpable de la coloración rojiza que da nombre a este mar
es la Trichodesmium erythraeum, aunque sólo se produce en épocas
y circunstancias muy concretas. En Hurghada y Sharm el-Sheikh se preparan
excursiones acuáticas todos los días. Las reglas para poder
acceder al parque nacional de Ras Muhammad son muy estrictas: no se pueden
arrojar basuras, ni salirse de los caminos establecidos, ni cazar, ni quedarse
tras el atardecer.
Los mejores
arrecifes submarinos son el de Tiran (en el golfo de Aqaba, con restos
de naufragios), el de Ras Muhammad (con una fosa marina de ochocientos
metros de profundidad y una población piscícola realmente
increíble), el de Rocky Island (con corales, atunes, mantas y tiburones)
y el de Sha’ab Rumi (en la parte del mar Rojo que pertenece a Sudán,
con grandes tiburones martillo). El lecho marino es un cementerio para
barcos, de tantos naufragios como se han producido en él, y algunos
de estos cadáveres se han hecho famosos y se visitan. Los más
interesantes son: el Dunraven (hundido en 1876), el Thistlegon (hundido
por los alemanes en 1941), el Carnatic (1869) y el Ghiannis D (mercante
de 3.500 toneladas). En Sharm el-Sheikh se puede conseguir el diploma Padi
de submarinismo tras cursos de tres días, teóricos y prácticos.
Entre Sharm el-Sheikh y Hurghada se reparten la mayoría de los mejores
hoteles de la zona: Sharm, Faraana, Reef Oasis, New Halomy, Reef 1 y 2,
Sofitel, Nubian Village, Pyramisa, Sea Club Fort Arabesque y Robinson Club
Soma Bay. Desde los hoteles se proyectan excursiones a Ras Muhammad, la
isla de Tiran, el monte de Moisés, el monasterio de Santa Catalina,
el Cañón Coloreado, la isla de Giftun y Luxor, paseos por
el desierto en dromedario, en motos de cuatro ruedas y en vehículos
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