El
Cairo, la reina del Nilo
Historia,
modernidad y vida nocturna en un recorrido de lujo por la increíble
capital de Egipto
Colores y sensaciones,
en el laberíntico mercado de Khan El-Khalili
EL CAIRO
Latif, el guía, habla perfecto en español, aunque con exceso
de diminutivos. "Detrás de Keops, Kefrén y Micerino hay otras
seis pirámides, bien chiquititas ", explica. Todo debe parecerle
ínfimo ante los grandes bloques de piedra gastada y sólo
exagera un poco cuando habla del acoso de los vendedores ambulantes que,
al final, no resulta tan molesto. Para el resto, la pequeñez.
"Fuimos los
primeros borrachitos ", dice en broma cuando muestra, dentro del Museo
Egipcio de El Cairo, el espacio para ofrendas que se dejaba junto a las
tumbas. Allí se colocaba agua, comida y también cerveza,
que la inventaron sus antepasados, al igual que el vidrio, la sierra de
metal y la navegación con vela.
Es difícil
imaginar otro museo del mundo con las reliquias tan a mano. Polémico
para los conservacionistas, permite conocer a fondo hasta las texturas,
porque la mayoría de los sarcófagos puede tocarse.
Sí están
blindadas las vitrinas de Tutankamón. Sus joyas se encuentran en
un salón exclusivo, dedicado a este joven faraón que, si
bien no había sido glorioso en sus días de mandatario, alcanzó
la fama en el siglo XX por el buen estado de su tumba.
La Piedra Rosetta
conforma otra de las historias distinguidas; en el museo hay una réplica,
ya que la original está, para variar, en manos británicas.
Con manuscritos del siglo II a.C., fue hallada en 1799 y permitió
las primeras traducciones del jeroglífico, ya que ofrece la misma
inscripción -una sentencia de Ptolomeo V- en tres tipos de escritura.
En jeroglífico se escribía para Dios, en demótico
para el pueblo y en griego para los funcionarios de gobierno.
Después
de estar cara a cara con Tutankamón (o con su máscara dorada),
uno comienza a encontrarse en El Cairo. El museo se ubica en el centro
moderno , frente a la plaza Tahrir, rodeada de "los únicos semaforitos
(sic) que se respetan en la ciudad", indica Latif. El caos de tránsito
en Egipto es casi tan famoso como Cleopatra. Los conductores apuntan a
los transeúntes en lugar de esquivarlos, de manera que para cruzar
las avenidas no es mala idea aceptar los servicios de la policía
turística . Vestidos de blanco, sus agentes se lanzan al asfalto,
a los gritos y con silbatos, para convencer a los conductores de cederles
el paso a los extranjeros.
Decenas de
uniformados mayormente con bigotes escudan también los hoteles de
lujo, construidos frente al Nilo para ofrecer la mejor vista de la ciudad.
Además del ir y venir de las falucas (pequeños barcos de
vela) se aprecia el desorden urbano de color arena, miles de antenas de
televisión satelital y, por las noches, los barcos-restaurante iluminados
por luces de neón. Desde los pisos más altos se distinguen
las pirámides de Giza.
Prevalece en
Egipto un turismo de alta gama diseñado para jeques y petroleros,
acostumbrados a un servicio personalizado, con tres empleados por habitación
en promedio.
El ruido
y la calma
El poder de
un hombre en la región puede medirse en la cantidad de guardaespaldas
que lo rodean. Esa idea surgió cuando, por ejemplo, bajó
al lobby del Four Seasons el hermano del presidente sirio, encapsulado
por diez escoltas. El hombre armó revuelo al acercarse a saludar
a su hijo adolescente, rodeado por otros siete custodios, un poco menos
formales pero del mismo tamaño XL. Los escoltas de ambos se entrelazaron
en una coreografía bien ensayada, aunque con protagonistas algo
irascibles.
Casi todos
los hoteles tiene detectores de metales, pero caminar por las calles es,
a pesar de las bocinas, seguro y muy placentero. Los paseos más
típicos son por las veredas arboladas que bordean el río.
Por ellas se llega hasta el atractivo sector triangular formado por la
plaza Tahrir, Abdeen y Bab El Hadid, que contiene, algo derruidas, las
construcciones art déco que le dieron el mejor apodo a la ciudad:
la París del Nilo.
También
se puede llegar hasta el centro en subterráneo. Hay que bajarse
en la estación Sadat, la misma del museo. Existen sólo dos
líneas de metro, pero serán seis en unos años, cuando
finalice la ampliación considerada uno de los proyectos de infraestructura
más importantes del siglo XXI. Es tan ambiciosa la obra que las
autoridades la llaman la cuarta pirámide , con algo de autobombo.
La línea
3, prevista para 2020, atravesará el barrio islámico y las
zonas coquetas del Norte, pasará por debajo del Nilo y llegará
hasta Imbaba, una de las regiones más populares de una ciudad con
18 millones de habitantes. Los subtes van colmados en las horas pico, pero
se puede viajar sin problema hasta tarde (cierran a medianoche) y los dos
primeros vagones de cada tren son exclusivos para mujeres.
Cuerpos,
lámparas y cantos
"Agüita...
¿Quién quiere agüita?", ofrece Latif en la combi, de
camino hasta la Ciudadela de Saladino, punto clave en el llamado Cairo
Islámico. Desde la ardiente autopista se ve la Ciudad de los Muertos,
cementerio integrado literalmente a la urbe: ahí mismo, dentro de
los panteones o en casillas sobre las tumbas, viven más de 300.000
personas. Esta necrópolis es un claro exponente de problemas habitacionales
que el Estado ya ha reconocido, construyendo, por ejemplo, una escuela
primaria dentro del cementerio.
La mezquita
de Mohammed Ali está en lo alto de la ciudadela y se distingue desde
casi toda la ciudad. Construida a imagen de las grandes mezquitas de Estambul,
el interior de sus cúpulas resulta imponente, por sus 365 lámparas.
El lugar no es un museo, pero recibe a mayoría de turistas, que
lo recorren descalzos o con bolsas de nylon que envuelven sus zapatillas.
Las mujeres, además, no pueden llevar los hombros al descubierto,
de manera que en la puerta reciben unos turbantes verdes, no demasiado
aristocráticos.
Los guías
aprovechan la comodidad de la alfombra para narrar detalles de las costumbres
musulmanas en el país. Latif cuenta que la marca negrita o marroncita
en la frente de muchos hombres indica su grado de religiosidad, justamente
por el tiempo que pasan con la cabeza sobre el piso, rezando.
Desde los minateres
(torres) de la mezquita, que superan los 80 metros, señores conocidos
como muecines llamaban a la oración. Ahora lo hacen a través
de altavoces y es en esta zona donde más se escuchan, por la gran
cantidad de centros religiosos. Es un sonido muy característico
de la ciudad, ya que las llamadas se realizan cinco veces por día.
Allah Akbar,
Allah Akbar , comienzan los cantos, repitiendo que Dios es grande . El
uso de los altavoces ha generado polémica en los últimos
años, ya que las llamadas se escuchan muchas veces a destiempo y
con voces no tan hermosas como en otras épocas, cuando los muecines
eran elegidos por su tono y melodía (antes, incluso, se buscaba
que ciegos realizaran esa tarea, para que no espiaran desde las torres).
Hay que tener
en cuenta que la primera llamada es antes del amanecer y los parlantes
son poderosos. Ante eso, el gobierno se ha esforzado desde 2006 en sincronizar
los cantos, instalando en varias mezquitas sistemas que retransmiten las
llamadas, más entonadas, desde una única estación
central.
Callecitas
y callejones
En el sector
islámico está también el interminable bazar Khan El-Khalili,
repleto de camisetas de fútbol desteñibles, camellitos en
todas las formas posibles, objetos en plata, oro y marfil, galabeyas (túnicas),
telas, especies y suvenires. Es uno de los mercados orientales más
famosos en el mundo, sobre todo por la forma de sus callejuelas, arcos
y portales, que lo han convertido en una especie de museo islámico
al aire libre.
Es imperdible
incluso para quienes se hartan rápidamente del regateo, que pueden
esperar en lugares como el Café del Fishawy, bar con más
de doscientos años de historia donde se suelen encontrar escritores,
poetas y músicos, además de turistas. En el lugar hay un
espacio dedicado al premio Nobel Naguib Mahfouz.
En los cafés
se fuma en shisha , que es la pipa a base de agua que en otros países
se conoce como narguila . Y se oye música árabe, mayormente
egipcia o libanesa; para distinguirlas, la segunda cuenta con voces más
fuertes y profundas, porque los cantantes suelen ser montañeses.
En todos los casos repiten mucho habibi (mi amor), una síntesis
de su color romántico.
Para las noches,
los principales bares y restaurantes están junto al Nilo. Hay espectáculos
de lunes a domingos, por algo se considera a El Cairo como la capital cultural
del mundo árabe . Incluso se ve casi el mismo movimiento de noche
que de día.
Una opción
de salida son los baladi , bares que muchas veces llevan la palabra coffee
en su nombre para disimular que venden alcohol. Un buen sitio para fumar
en shisha o tomar tragos junto al río es Sequoia (al final de la
calle Abdu El Feda), o grandes hoteles como Ramses Hilton, que en su piso
30° ofrece música en vivo, para completar en lo alto una jornada
de ensueño, repleta seguramente de anecdotitas.
Por
Martín Wain
Negociar con
poco margen
Ahmed Hamza
es un hombre de negocios. Su tarjeta dice antiques, aunque sólo
vende postales y fotos viejas en un pequeño local del mercado Khan
El-Khalili. Lo conocimos en alguna de las vueltas en calesita por las callejuelas,
que siempre derivan en las mismas esquinas, menos cuando uno quiere irse.
Pero no es tan difícil ubicarse. Por eso, después del almuerzo,
decidí ir a ver sus postales, avisándole de antemano a una
compañera de viaje: si me perdía, debían empezar a
buscarme por ahí.
Ahmed propuso
que subiéramos al primer piso para revisar más cajas de fotos
y cerró, desde adentro, su local con candado. Todos recomiendan
no seguir a los vendedores hasta sus oficinas u otros locales, para no
perderse en las callejuelas y, sobre todo, no sentirse obligado a comprar.
Pero ya estábamos en el primer piso junto con otro hombre enorme
que leía tranquilamente el diario. Cuando Ahmed sirvió té
con hojitas de menta supe que estaba perdido: no iba a poder salir de ahí
sin comprarle algo.
El regateo
no fue sencillo. Cuando intenté volver atrás con la operación,
Ahmed me convenció con un "estamos haciendo negocios, volvé
a sentarte". Por suerte, había unas postales interesantes de principios
del siglo XX que estaban en una caja de saldos y serían un buen
regalo en Buenos Aires.
Llegué
al punto de encuentro antes de que empezaran a preocuparse. Había
experimentado una compra que, con el té ya servido, puede tener
complicaciones.
Las tres
moles
Son escaleras
para que el alma del faraón suba al más allá. Son
tumbas que los mandatarios hacían construir durante décadas.
Cien mil obreros trabajaron cuatro meses al año -cuando el Nilo
estaba crecido y la gente no podía continuar con su rutina agrícola-
en la construcción de la mayor de las pirámides de Giza,
dedicada a Keops. El predio abre de 8 a 17. La entrada cuesta unos 8 euros,
y 21 si uno quiere conocer el interior de la principal. Hay una yapa magnífica:
la Gran Esfinge, con su nariz rota por el ejército de Napoléon.
Y camellos para dar un paseo único.
Un valle con
pasado de océano
Para Osama
Ibrahim, la teoría de Darwin es apenas una versión. "No puedo
pensar que el hombre viene del mono, cuando fue creado por Dios", aclara
el joven. Su comentario puede pasar inadvertido en un país religioso
como Egipto, pero lo curioso es que él, además de geólogo,
es el guía de Wadi al Hitan, un gran campo de arena donde hace 40
millones de año había... ballenas. Osama se ocupa de explicar
a los visitantes por qué se encontraron aquí cuatro esqueletos
completos de estos mamíferos, que representan uno de los registros
principales en la historia de la evolución de las especies: la transformación
de un animal terrestre en uno acuático. En el mundo occidental señalan
a Wadi al Hitan, que significa el Valle de las Ballenas, como el lugar
que mejor permite explicarlo.
Aquí
se conservan vértebras petrificadas que, hasta 2004, no tenían
protección. "Se rompían o eran robadas", cuenta. El lugar
crece como atracción turística en las afueras de El Cairo
(200 km al Sur), ya que además de ver los restos paleontológicos
sobre la arena ofrece internarse en el desierto occidental y está
en dirección al oasis de Al Fayum, otro fuerte polo de atracción.
Datos útiles
Cómo
llegar
Air France
. La compañía vuela de Buenos Aires a El Cairo con escala
en París. Tarifas: clase turista, desde 1845 dólares (impuestos
incluidos); premium turista, desde 4530, y business, desde 5065
Paquetes
Biblos Travel
lanzó una propuesta premium de 10 noches que incluye El Cairo, Sharm
el Sheik (ambos en Four Seasons) y un crucero desde Aswan hasta Luxor,
con vuelos domésticos, tasas e impuestos incluidos. Desde 3600 dólares
(sin aéreos). Informes: 5031-7777, biblos@biblostravel.com
Más
información
Sitio oficial
de turismo en Egipto, www.egypt.travel
Agenda nocturna,
en Egypt Today ( www.egypttoday.com ) |