Perú
- Por el Valle de los Incas
Pueblos con
calles angostas y casas de adobe, ciudades pintorescas y magníficas
reservas arqueológicas se mezclan con campos de un colorido increíble
en un recorrido que arranca en las afueras de Cuzco y termina cerca de
Machu Picchu
Perú
- Por el Valle de los Incas
CUZCO
- El
cielo, de un azul muy profundo, cada tanto se cubre con un manto gris plomizo
que amenaza con descargar un aguacero inesperado. Mientras, el viento sopla
con fuerza y por momentos lastima impiadoso los rostros poco acostumbrados
a la altura, que castiga también los cuerpos no aclimatados. Aquí
y allá, magníficos campos multicolores se esparcen hasta
donde alcanza la vista, mientras un ancho hilo plateado divide el terreno
en dos. A ambos lados,decenas de pueblos, pequeñas ciudades y caseríos
comparten el espacio con increíbles enclaves arqueológicos;
huacas , lugares considerados sagrados, y vergeles de una belleza asombrosa.
Es el Valle
Sagrado de los Incas, franja de unos 60 kilómetros que va de los
2800 a los 3700 metros de altura, que une las afueras de esta ciudad con
Ollantaytambo y es el paso obligado para quienes buscan llegar a la cautivante
Machu Picchu. El punto de partida puede ser la fascinante Sacsayhuaman.
Considerado como uno de los lugares sagrados de la cultura incaica, Sacsayhuaman
es el sitio donde cada 24 de junio, en concordancia con el solsticio de
invierno, se conmemora el Inti Raymi o Fiesta del Sol, una de las tradiciones
más antiguas de la cultura peruana y que cada año reúne
a miles de visitantes que se acercan aquí para participar de las
coloridas celebraciones.
Pero no sólo
eso, sino que Sacsayhuaman es, también, el ejemplo más acabado
de la arquitectura precolombina y uno de los mayoes tesoros arqueológicos
de la región, que cautiva por sus dimensiones y la monumentalidad
de sus construcciones. El complejo, compuesto por 33 sitios arqueológicos,
se estima que fue construido entre los siglos XIV y XV, y tiene como centro
la llamada Fortaleza, construcción rodeada por tres largas explanadas
paralelas dispuestas en zigzag ondulante, que fueron realizadas con enormes
bloques de roca caliza, algunos llegan a tener unos 8 metros de altura
y un peso que se calcula en 300 toneladas. Sobre éstas, se dispone
un conjunto de edificios que sirvieron como viviendas y más arriba
aún, subiendo por unas largas escalinatas de piedra, se encuentra
lo que se supone fueron observatorios astronómicos, y otros lugares
de estudio y observación. En el tope de la fortificación
aún se puede ver los restos de tres construcciones circulares que
constituían los templos del Sol, la Luna y las Estrellas, y que
fueron destruidos por los españoles para llevarse el oro y la plata
que recubrían sus paredes.
Bien erca,
a menos de 1000 metros de ahí y siguiendo la ruta que va hacia el
Nordeste, se encuentra Qenko, extraño conjunto de construcciones
en piedra enclavado en medio de la ladera de la montaña que semeja
un laberinto y que se supone constituía un centro ceremonial en
el que también se veneraba al Sol, la Luna y las Estrellas. Un poco
más adelante está Pukapukara, la pequeña ciudad fortificada
que fue utilizada como punto de descanso y refugio de los que se dirigían
al otro extremo del imperio y donde se puede ver los restos de unos acueductos
que sorprenden por su perfección. Apenas unos 10 minutos a pie y
se llega a Tambomachay, otro sitio estrechamente vinculado con el anterior,
levantado en piedra caliza y en forma poligonal, y que se supone que se
usaba como sitio de baños rituales. El camino continúa hacia
Pisac, una pequeña ciudad de estilo antiguo, pero con aires de modernidad,
en el que las casas de adobe se mezclan con las construcciones de cemento
y donde las tradiciones más ancestrales coparten cartel con los
cibercafé, mientras la plaza principal se satura de visitantes cuando
se abre el tradicional mercado al aire libre. Pisac conserva, además,
una riqueza arqueológica invalorable y varias construcciones y ruinas
incaicas. De ahí el camino se desvía hacia el Noroeste, en
dirección hacia Aguas Calientes.
Y siempre siguiendo
el curso del Urubamba, en el camino van apareciendo más poblados
y caseríos, entre ellos Yucay, donde se puede ver los restos de
un palacio que fue la residencia del inca Manco Saury Túpac, y que
fue un centro de tecnología hídrica y de producción
agropecuaria, hasta que se llega a Urubamba, pequeña ciudad a 2800
m de altura, que es un buen punto para hacer base ya que cuenta con muy
buena infraestructura turística. Pero estos dos poblados no dejan
de ser una mera escala hacia Ollantaytambo, punto culminante del recorrido
(ver aparte).
Al emprender
el regreso hacia la mágica Cuzco, el camino lleva a Moray. De fácil
acceso, el lugar, también conocdo como Jardín del Inca, semeja
un anfiteatro, pero en realidad se trata de una serie de galerías
de cultivo circulares, denominadas muyus , que se van achicando a medida
que descienden y eran usadas en la época del imperio como una especie
de laboratorio en el que los incas iban probando diferentes cultivos y
técnicas. Con una profundidad de 45 metros, la distribución
no es caprichosa, sino que obedece a exhaustivos estudios realizados por
los indígenas: cada terraza tiene una altura de 1,80 m y su disposición
concéntrica y en forma circular excavada en la tierra hace que cada
uno de esos andenes tenga una temperatura diferente. Con eso lograban reproducir
los diferentes tipos de clima que había en el imperio y podían
establecer qué cultivos se adaptaban mejor a cada zona. Un verdadero
ejemplo de planificación económica.
Apenas a 8
kilómetros de Moray se encuentra Maras, un pequeño pueblo
que tuvo cierta importancia durante la época española, pero
que hoy permanece como estancado en el tiepo, con sus casas de adobe alineadas
de manera imperfecta en medio de angostas calles por las que van transitando
cholas cargando productos, y chicos llevando carruajes o rebaños
de todo tipo de animales. La plaza del pueblo preside el lugar y a su alrededor
se agrupan la iglesia, la comisaría, la escuela y una casa que hace
las veces de Municipalidad.
Chincheros
es el último punto de este recorrido. Apenas a 30 kilómetros
de Cuzco y a 3762 m, tiene quizá las mejores vistas de lo que es
el valle y desde ahí se puede tener una idea cabal de su disposición,
con la cordillera de Vilcabamba a un lado, el río en el medio y
el nevado de Salkantay como centinela que custodia la zona. En su enorme
plaza central se celebra todos los domingos uno de los más importantes
mercados a cielo abierto para la población local, donde los habitantes
de los pueblos cercanos, y no tanto llegan para comerciar mercancías
de todo tipo y en el que el trueque es el medio de pago más común.
En el centro de la plaza se pede ver una pared que posee 10 nichos en forma
trapezoidal, donde se realizaban ofrendas de tipo religioso. Del otro lado,
la iglesia fundada por los jesuitas en el siglo XVII conserva varias pinturas
de la escuela cuzqueña y en su frente se puede ver un mural muy
colorido en el que se cuenta la historia de la conquista de la zona por
parte de los españoles.
Perú
/ Por el Valle de los Incas - Ollantaytambo, el último bastión
de resistencia
Una enorme
fortaleza que sirvió de refugio durante la Conquista
CUZCO - A
95 kilómetros al noroeste de aquí, siguiendo la ruta que
conduce a la encantadora Aguas Calientes, se encuentra Ollantaytambo. Considerada
la única ciudad incaica que aún permanece viva, es también
una de las más modernas de la región y la que cuenta con
mayor infraestructura de servicios pensada para el turismo. Y se dice que
es la única ciudad incaica viva, pues la actual metrópoli
se construyó sobre el antiguo asentamiento indígena, del
cual no sólo se mantiene su disposición original con una
plaza central y su división en cuadras o canchas , ino que las viviendas
conservan los viejos cimientos de las casas incaicas. Por eso los alrededores
de la estación de tren, o de la terminal de ómnibus, o las
intrincadas callecitas viven un permanente ir y venir de lugareños
que se mueven con comodidad entre cientos de comerciantes, mientras decenas
de chicos (y no tanto) aguardan la llegada de los turistas para ofrecerles
cualquier tipo de souvenirs.
Como si fuese
poco, aquí se encuentra uno de los grupos arqueológicos más
fascinantes de la región. Es que sobre la ladera de la montaña,
a un lado de la ciudad, se levanta la enorme muralla de granito colorado
detrás de la cual se suceden los conjuntos arquitectónico,
con templos religiosos y observatorios astronómicos, atalayas, depósitos
de agua y reservorios de alimentos. Las razones de semejante despliegue
y tantos recaudos estaban bien fundamentadas: Ollantaytambo se encuentra
a mitad de camino entre Cuzco y Machu Picchu, y representaba un punto estratégico
vital en el Imperio Inaico. Por ser uno de los sitios mejor protegidos
del imperio, el cacique Manco Cápac lo eligió para reunir
su ejército y refugiarse cuando era perseguido por las tropas de
Francisco Pizarro. Ahí soportó los ataques de los españoles
durante semanas, en una resistencia que, finalmente, llevó a que
los conquistadores se retiraran sin poder capturarlo. |