Venecia
se ve mejor desde el vaporetto
Accesible
y con muchos recorridos, es el medio de transporte más recomendado
para internarse entre los canales
La mejor manera
de dar una vuelta económica por Venecia es tomar el vaporetto, pariente
lejano del colectivo. Igual que nuestros micros llega a todas partes: estamos
hablando de 120 islas unidas por 435 puentes para atravesar 137 ríos
y canales.
La ciudad
es un laberinto con seis barrios ( sestriere ) desde el más concurrido
(San Marcos) hasta las callejuelas de Dorsoduro con el aire de Palermo
Viejo y su bohemia elegante. Sin contar el laberinto de Jorge Luis Borges
que acaba de instalarse detrás de la iglesia de San Giorgio, construida
por Andrea Palladio, el genio arquitectónico del Renacimiento, entre
1566 y 1610. Muy cerca está el fastuoso hotel Cipriani y enfrente
se ve la Plaza San Marco, una postal dorada en un silencio que conmueve.
Para sacarle
todo el jugo a una estada corta y no caer en bancarrota, la solución
es el vaporetto. Hay ocho líneas que funcionan con frecuencias de
10 a 15 minutos hasta casi medianoche y luego hay un servicio nocturno
espaciado. Nadie queda abandonado. Todos los recorridos son seductores
para paladear la ciudad desde ese balcón flotante. Estas lanchas
suelen ir llenas de residentes y visitantes. El consejo es tomarlas en
los puntos terminales, cuando están casi vacías y tener posibilidad
de ubicarse en la parte delantera o trasera como si navegáramos
en un barco privado. Siempre hay que marcar el boleto al subir para evitar
ser tratado como un colado, porque la viveza criolla se ha globalizado.
Biglietti
turistici
No es barato.
Nada lo es en Venecia. El boleto cuesta 6,50 euros y dura 60 minutos. Uno
puede cambiar de lancha durante esa hora si mantiene la misma dirección.
No hay ida y vuelta. Conviene comprar un biglietti turistici a tempo ,
ticket que tiene un plazo de uno, dos y tres días. Eso nos permite
subir y bajar cuantas veces se nos ocurra usando todo el servicio, que
es bueno. Por 12 horas son 14 euros; por 24, sube a 16 euros; por 48, a
26, y por 72, la duración máxima, a 31. Cifras hasta el cierre
de la nota porque suelen aumentar.
El más
demandado es el N° 1, que atraviesa el Gran Canal, la diagonal más
populosa con forma de S. Parte de la Piazzale Roma (al lado de la estación
de tren) y a los 45 minutos llega hasta Lido, famosa por su playa y tradicional
Bienal de Cine. El itinerario es lento, para paladear sin apuro igual que
un helado, porque va recorriendo los lugares más legendarios, los
que hemos visto tantas veces en películas, y pasa debajo de sus
cuatro puentes. El más nuevo, terminado en 2007, es el bello diseño
del español Santiago de Calatrava que sigue rodeado de polémicas.
Lo llaman el Puente de la Constitución, más popularmente
el de Calatrava, y lo inauguraron de noche para evitar manifestaciones
de protesta.
Luego la lancha
pasa debajo de los tres tradicionales. Primero el de los Descalzos ( Ponte
degli Scalzi), luego el más antiguo y concurrido (Ponte di Rialto
del siglo XVI) al lado de los puestos que venden pescados desde hace mil
años. Y finalmente el de la Accademia, al lado de la fabulosa muestra
de pintura clásica y a 10 minutos de caminata de la Colección
de Peggy Guggenheim, donde se puede comer a un precio razonable rodeado
de los grandes maestros del arte moderno. La línea 2 tiene un itinerario
parecido, pero acorta el recorrido y el viaje dura menos. El surtido es
más amplio porque prácticamente no hay lugar de la Gran Laguna
donde no se pueda llegar con esta lancha bus al paso. La N° 42 llega
a Murano o al cementerio de San Michele. Las 41-42 dan la vuelta en círculo,
y la 82 es expreso. Hay para todos los gustos y destinos.
Por el Gran Canal
En mi corta
experiencia, para aprovechar la estada tan breve que determinaba mi bolsillo
me quedaba en el Gran Canal. Comenzaba con la 1 por la mañana, callejeaba
por los lugares que me tentaban y volvía al atardecer con la 2 después
de tomar algo en la Plaza San Marco en el Florian (de 1720) o el Quadri
(1755), lugares inolvidables porque hay música en vivo y no cobran
un plus por sacarse una foto entre las palomas. Fíjese en el menú
porque le puede convenir no pedir café y tomar casi por el mismo
costo un cóctel con cicchetti, versión italiana de las tapas.
Por supuesto que hay water taxi (caros) y góndolas (aún más
caras), pero un tip divertido, porque las paradas están a uno u
otro lado del canal, es tomar un traghetto para cruzar con una ex góndola,
rebajada a bote, pagando sólo un euro como si cruzáramos
el Riachuelo en La Boca.
Si bien llegan
a Venecia 16 millones de turistas por año, sólo tiene 70.000
residentes estables. Por eso al oscurecer la ciudad parece deshabitada
y muchos restaurantes cierran. Las luces de las arañas de cristal
están prendidas en sus palacios, pero no se ve gente. Muchos de
los que trabajan allí se van a dormir al próximo pueblo de
Mestre, en tierra firme, donde las propiedades son más económicas
y cuesta menos alojarse y comer. No es lo mismo que Venecia, pero está
cerca de ómnibus y trenes. Y luego se toman el vaporetto. Igual
que muchos turistas que los imitan para disfrutar el doble y gastar lo
menos posible.
Por Horacio
de Dios |