| NORDESTE
Fue aquí
donde todo empezó. La escuadra del navegante portugués
Pedro Alvares Cabral arribó a las costas de Bahía un 22 de
abril de 1500 y con ella, dos mundos se encontraron estableciendo las bases
de una nueva sociedad. Indios, blancos y negros plasmaron en las
calles de Olinda, Salvador y Recife todo el arte de sus respectivas culturas
al amparo de la fe como pilar funcional.
La historia
de esta región vio pasar a portugueses, franceses, holandeses, corsarios
y piratas en busca de sus riquezas azucareras. Fuertes, iglesias,
pueblos y ciudades nacieron al amparo de su eterno sol que durante siglos
ha reinado sobre su paradisíaca costa y sus cálidas aguas.
Pero a veces
ese mismo sol castiga al hombre nordestino con terribles sequías
que asolan su interior distribuyendo hambre, sed y muerte. Sin embargo,
la naturaleza sabia da vida al San Francisco, ese viejo río que
se resiste a morir y que regala vergeles irrigados en las tierras ásperas
del Sertao. Cariñosamente llamado de “Viejo Xico” por sus
habitantes une a casi todos los estados del Nordeste y cajús, manzanas,
melones, uvas y maracujás inundan gracias a él los alegres
mercados de Maceió y Aracaju.
Rincón
de Brasil que vio nacer algunos de sus hijos más ilustres.
El mágico mundo de la Costa del Cacao, plasmado por la afrodisíaca
pluma de Jorge Amado; la fuerte espiritualidad de Bahía en
las mágicas voces de María Bethania y Gal Costa; los
atardeceres playeros en la costa dorada de Ceará, plasmados por
el gran escritor José de Alencar.
Sus parques
nacionales y marinos guardan también la riqueza de sus variados
ecosistemas, que van de las ballenas de Abrolhos a las majestuosas cascadas
de Chapada Diamantina. Paraísos tropicales que han sido redescubiertos
en los últimos años por los turistas como hace 500 años
lo hiciera la primera carabela.
Sería
imposible hablar de todos los encantos del Nordeste, por ello elegimos
los destinos preferidos por los viajeros uruguayos, Natal, Recife, Maceió,
Salvador y Porto Seguro, cuya belleza ilustra, en parte la grandeza del
Nordeste.
RECIFE
Recife es conocida
por muchos como la “Venecia brasileña”. Quizás esta
afirmación resulte un poco exagerada pero lo cierto es que sus hermosos
canales que trazan la desembocadura del río Capibaribe han dado
fama a esta capital del estado de Pernambuco, tanto a nivel nacional como
en el exterior. Puentes, islas y grandes vías fluviales dan
un toque especial y diferente a este rincón del nordeste del país,
palco de revoluciones e invasiones coloniales.
Aquí
llegaron los holandeses en 1630, atraídos por la riqueza de la caña
de azúcar y amenazando los intereses portugueses. Solo 24
años alcanzaron a residir en estas fértiles tierras antes
de su expulsión pero tiempo suficiente para dejar su imborrable
huella en fortalezas y edificios históricos levantados por el legendario
Conde Mauricio de Nassau. Uno de los recorridos que le aconsejamos
es iniciar la visita por el sector de Recife Antiguo, donde palacios y
diversas construcciones del siglo XVII y posteriores fueron restaurados
en 1997 para dar paso a un bullicioso barrio cultural. Lleno de restaurantes
y con una intensa vida nocturna es el lugar preferido por la mayoría
de los turistas.
Los cercanos
distritos de Santo Amaro, Boa Vista y Santo Antonio albergan también
importantes muestras del patrimonio arquitectónico de Recife con
lujosas iglesias barrocas sitios de interés histórico.
El Convento de San Francisco y la Capilla Dorada guardan en su interior
la opulencia del ciclo de la caña de azúcar que le permitió
la adquisición de nobles maderas como el Jacaranda y enchapados
de oro empleados en su decoración.
Otras obras
de gran valor arquitectónico presentes en el centro corresponden
al Teatro Santa Isabel y al Patio de San Pedro, con su pintoresco conjunto
colonial. No deje de concurrir a la Casa de la Cultura cuyas rojizas
paredes –usadas como cárcel en el siglo XIX- albergan numerosos
locales de artesanía y arte popular. Del otro lado del canal
usted podrá retroceder 200 años al caminar por la refaccionada
Rua da Aurora con su colorido caserío.
Un poco más
al sur se abren las turísticas zonas de Pina y Boa Viagem, una gran
costanera poblada por kilómetros de playas de blancas arenas y abundante
sol. Protegidas por un gigantesco banco de arrecifes de coral y arenita
esta barrera natural entrega a los bañistas un calmo oleaje y múltiples
piscinas naturales que aparecen durante la marea baja.
Grandes hoteles
y edificios de condominios bordean la zona en medio de restaurantes, bares
y discotecas. Frente a la playa numerosas barracas ofrecen la tradicional
agua de coco junto a especialidades de la cocina pernambucana como sus
langostas, la moqueca de camarones y la ´caipiuva´, preparada
con aguardiente de caña y uva de la región. La zona
se extiende infinitamente hacia Piedade y Candeias donde más alojamientos
y sitios de camping parecen no agotar la oferta a los visitantes.
De esta manera
Recife entrega una de las mejores infraestructuras regionales aliando a
su excelente red de servicios el espíritu alegre y festivo de sus
habitantes. Al ritmo del forró, el maracatu, el frevo, la
samba, el pagode o el reggae es posible que el amanecer encuentre por sorpresa
a muchos despreocupados con las horas del reloj.
El Carnaval
aquí se repite dos veces. El primero en febrero –como en el
resto de Brasil- con sus camiones musicales desfilando por sus calles y
otro en el mes de octubre, cuando el ´Recifolia´ llega a congregar
hasta 1 millón de personas.
El alma de
este pueblo puede ser descubierta en sus ferias al aire libre; en
los museos que cuentan la vida de sus hombres y mujeres; en sus ritmos
afrobrasileños; en la hospitalidad de sus casas; en
el sabor de sus pescados y mariscos y en el sol que abraza a este balneario
prácticamente todos los días del año.
Lo que no
se puede dejar de hacer
Tomar
un baño de mar en la playa de Boa Viagem, después de caminar
por la arena o recorrer sus 10 kms. De rambla. No hay nada más
relajante que quedarse en sus piscinas naturales formadas por enormes piedras.
Boa Viagem cuenta con una completa infraestructura urbana, excelentes bares
y restaurantes y la mayor parte de los hoteles de la ciudad.
Visitar la casa de la cultura, antigua casa de Detención, donde
las celdas fueron transformadas en pequeñas tiendas, donde venden
lo más representativo de la artesanía regional. Se
ubica en la calle Floriano Peixoto, barrio de Santo Antonio, región
central de Recife.
Visitar
el museo Brennand en la región periférica de Recife.
Oficina de Francisco Brennand, uno de los más importantes artistas
plásticos de Pernambuco, donde expone su acervo de esculturas en
medio de plantas tropicales y fuentes naturales en el Antiguo Ingenio Sao
Joao.
El
paseo a Olinda es obligatorio. En realidad, se encuentra prácticamente
al lado de Recife, y cualquier taxi realiza un bello tour con el visitante.
SALVADOR
“Bahía,
tierra de felicidad”, así fue definida por uno de los muchos poetas
que se entregaron a la pasión por esta tierra, que “más linda
no hay”, dice la canción popular.
Tierra de Caetano
Veloso y María Bethania, de Dorival Caymmi y Gilberto Gil.
Así es Salvador de Bahía, ciudad de magia y alegría,
donde la música y el ritmo son llevados en la sangre por sus habitantes.
Expresiones artísticas y culturales que inundan sus calles y esquinas
las que vieron pasar un día a Doña Flor y sus dos maridos
bajo la pluma del gran Jorge Amado. Una atmósfera única
de sensualidad envuelve a este antiguo enclave portugués transformado
con el paso de los siglos en la primera capital de Brasil. Aquí
desembarcaron miles de negros traídos como esclavos y obligados
a construir palacios, solares e iglesias en el denominado sector de Pelourinho,
declarado hoy patrimonio histórico de la humanidad por la UNESCO.
En ese mismo sitio eran cruelmente azotados frente a la actual Fundación
Casa de Jorge Amado, pero la fuerza de este pueblo y la riqueza de sus
tradiciones dio lugar a una de las mayores manifestaciones de la cultura
afroamericana en esta parte del continente.
Reflejo de
este proceso es la intensa vida espiritual que se siente a diario en esta
urbe fundada en 1549. Un hermoso sincretismo religioso nació
entre las deidades africanas y los elementos cristianos originando el culto
del Candomblé. Las fuerzas de la naturaleza ganaron poderes
sobrenaturales personificados en los orixás y el misticismo de esta
nación puede ser hoy presenciado en sus terreiros y campo santos.
Muchos turistas suelen asistir a ceremonias de iniciación y tributos
a estas entidades que rigen, protegen o abandonan a los hombres.
Changó, Obá, Oxum, Iemanjá, Exu Ogan son algunos de
los dioses que reinan eternos y poderosos los destinos de muchos brasileños.
La música
es otro ingrediente sabroso que condimenta el alma del solteropolitano
(gentilicio de quien nace aquí). Sea en los barrios de Pelourinho,
Saúde, Barra, Nazaré, Barroquinha o Tororó, en todos
ellos es común ver a varios grupos improvisando notas con ritmos
que van desde la samba, el batuque, el timbalada al reggae. Sin embargo
uno de los espectáculos imperdibles al aire libre es acompañar
a organizadas bandas de percusión como la famosa Olodum. Este
conjunto de niños y adultos suele desfilar por las estrechas calles
de Salvador llamando la atención por sus coloridos atuendos y su
contagiosa batucada. Artistas como Michael Jackson y Paul Simon no
resistieron a la tentación de rodar sus video-clips junto a ellos.
Dispuesta sobre
una recortada península la capital del estado de Bahía es
una verdadera sucesión de playas y construcciones históricas.
Dividida en una planta baja y otra alta, ambos sectores son comunicados
por el tradicional ascensor Lacerda –símbolo de la ciudad- que permite
una completa vista panorámica de la Bahía de Todos los Santos.
Sin duda, le llamará la atención durante su visita la peculiar
forma circular del Fuerte Sao Marcelo, a la entrada de la ensenada.
Construido
en el siglo XVII es una de las fortalezas más curiosas del litoral
nordeste accesible sólo por barco. En esta zona no deje de
concurrir al Mercado Modelo en cuyo interior podrá encontrar locales
de artesanía, galerías de arte y probar algunas especialidades
de la picante comida bahiana, como el acarajé o el azeite de dendé.
Su rico patrimonio
arquitectónico colonial se destaca por la impresionante cantidad
de iglesias repartidas por su casco histórico. Son centenas
de capillas y templos construidos en estilo barroco portugués lujosamente
decoradas en su interior como el Convento de San Francisco de Asís,
levantado en 1851, y la iglesia de Nuestro Señor do Bonfim, protagonista
de una de las fiestas religiosas más importantes del país.
Esta procesión conocida como Lavagem do Bonfim ocurre todos los
años en la primera semana de enero en la cual hombres y mujeres
arrojan agua perfumada sobre las escalinatas del templo y reciben el nuevo
año todos vestidos de blanco.
Este festejo
suele ser la antesala de una de las expresiones populares más entretenidas
e importantes de Brasil. El Carnaval de Salvador gana año
tras año miles de adeptos atraídos por su carácter
alegre y su espíritu de calle que a menudo lo diferencia de Río
de Janeiro. Niños, jóvenes y adultos bailan sin parar
día y noche cantando al son del frenético paso de los Trío
– eléctricos, inmensos camiones dotados de amplificadores, que desfilan
distribuyendo canciones y danza por las arterias de Salvador. Cantantes
como Daniela Mercury y otros célebres fueron lanzados a la fama
desde lo alto de estos melodiosos vehículos. Le recomendamos
aún disfrutar de sus museos, playas, bares, restaurantes, paseos
en barco a islas de ensueño y admirar los graciosos pasos de los
cultores de la Capoeira, esa temible arte marcial africana transformada
en una hermosa danza por los hijos del continente negro.
Lo que no
se puede dejar de hacer
Visitar
el Pelourinho: donde está la síntesis de la historia
y de la cultura de la ciudad. Este centro histórico fue considerado
por la Unesco, Patrimonio Cultural de la Humanidad, por albergar el mayor
conjunto arquitectónico barroco de las Américas, constituido
por 600 edificaciones restauradas.
Visitar
el Mercado Modelo: el mayor centro de artesanías de Salvador.
Construido en 1861 para ser la sede de la aduana, hoy abriga 259 barracas
que ofrecen todo tipo de producción artesanal en cuero, paja, tejido,
madera, piedras semipreciosas y plata, así como dulces, compotas
y bebidas artesanales.
Ver
la puesta de sol, en la Praia do Farol, una de las tarjetas postales de
la ciudad, no sólo por la belleza del escenario natural sino por
la magia de ver la luz del farol sustituyendo al sol en las aguas de la
bahía.
Bañarse
en el mar en cualquier tramo de los 20 kms. De playas urbanas de la ciudad.
Caminar
en la arena blanca y mojar los pies en las aguas oscuras de la Lagoa do
Abaeté, una laguna mágica cercada de dunas donde se puede
beber agua de coco y respirar paz.
Conocer
el sitio de Gantois, uno de los más tradicionales y conocidos entre
los cerca de 2000 sitios de Candomblé existentes en Bahía.
Se ubica próximo a la ciudad, en un área urbanizada, segura
y de fácil acceso.
Subir
la Colina Sagrada y pedir la bendición del patrono de la ciudad,
Nosso Senhor do Bonfim. La iglesia de Nosso Senhor do Bonfim, donde
se tiene una vista espectacular de la Bahía de Todos los Santos,
queda en el barrio Ribeira, y es el lugar de peregrinación de los
bahianos.
Itaparica:
La isla enfrente a Salvador conserva playas primitivas, de belleza sin
par. La travesía a la isla es realizada en ferry boats o por
lanchas. Dependiendo del tipo de embarcación la travesía
a la isla demora 30 a 90 minutos.
Praia
do Forte: Es indescriptible la emoción de observar una gigantesca
y prehistórica tortuga marina jugar entre las olas, caminar por
la arena, preparar un nido y depositar sus huevos para reproducirse.
Tiempo después esos huevos se transforman en decenas de tortuguitas
que corren al mar ávidas de vida. Eso ocurre en Praia do Forte,
donde está instalada la sede del proyecto de preservación
de las tortugas marinas, desarrollado por el gobierno brasileño
con apoyo de instituciones científicas y entidades privadas.
A Praia do Forte se llega por la Autopista do Coco, un rodovía litoraleña
que recorre bellas playas como Arembepe, donde todavía se encuentran
hippies de los años 70.
PORTO SEGURO
Todos los caminos
llevan a Porto Seguro, puerta de entrada y punto de partida para quien
desea conocer las primeras páginas de la historia de Brasil, practicar
ecoturismo y deportes radicales o solamente pasear, comer bien, aprender
“lambaeróbica” o simplemente descansar. Es un paraíso
ecológico, que ofrece un mix de historia, cultura, arte y bellezas
naturales. Son 90 kms. de playas protegidas por arrecifes de corales,
ensenadas, riachuelos, coqueros y la exuberante Mata Atlántica.
La ciudad no
duerme, funciona prácticamente 24 horas. Durante el día,
ofrece playa y paseos al mar o a la mata, y su vida nocturna es muy animada.
Inevitablemente la noche comienza en la Pasarela do Alcool, donde son armadas
decenas de barracas que venden los más variados cócteles
de frutas y “capetas” bebidas hechas a base de jugo de fruta y vodka.
La decoración de estos barcitos se destaca por los arreglos de frutas
que llaman la atención de los turistas.
El comercio
en Porto Seguro, tiene un horario atípico, muchos shoppings y tiendas
de artesanías funcionan hasta la media noche. Para quien gusta
de la sofisticación, hay restaurantes especializados en comida francesa,
japonesa, italiana, etc. Para quien quiere comer bien y barato, los
restaurantes de comida al peso ofrecen las mejores opciones, en el centro
de la ciudad o en la cosa, con variedades de platos calientes y ensaladas,
así como deliciosos postres. La noche continúa en la
rambla con mucho reggae, fiestas y música en vivo, en la mayoría
de los restaurantes y barcitos de la playa
Lo que no
se puede dejar de hacer:
Centro
Histórico: Visitar el sitio histórico de la Ciudad
Alta es casi una obligación para los millares de turistas que llegan
a Porto Seguro, Ciudad Monumento Nacional, instituida por decreto federal
desde 1973. El sitio fue uno de los primeros núcleos habitacionales
de Brasil y desempeñó un papel importante en los primeros
años de la colonización. Allí hay 3 iglesias
y cerca de 40 inmuebles, recuperados por el Gobierno, con motivo de conmemorar
los 500 años de Brasil.
Parque
Nacional de Monte Pascoal: Creado en 1961, para preservar el lugar
del descubrimiento de Brasil. Abarca regiones inundadas, pantanosas,
alrededor del monte rocoso, alto y redondeado, aceptado como el primer
punto de tierra firme avistado por la tripulación del navegante
portugués Pedro Alvares Cabral. Posee un área de 14.480
hectáreas, incluyendo una reserva indígena pataxó,
y más allá de su importancia histórica, preserva uno
de los últimos trechos de la mata atlántica del Nordeste.
Busca mantener árboles valiosos, como el pau-brasil y aún
abriga varias especies animales en extinción.
Parque
marino de Recife de Flora: Primer Parque Municipal del país.
Durante la marea baja se aprecian, diversas especies de corales, peces
y criaturas marinas. Este bello paseo se realiza en scuna.
Matriz
de Nossa Senhora da Pena: Localizada en la Plaza Pero de Campos Tourinho,
Ciudad Alta, data de fines de siglo XVIII. Edificio construido con
una nave, una capilla, una sacristía y una torre. Una escalera
externa da acceso al coro y a la torre. La torre tiene dos ventanas,
con arcos plenos y posee terminación piramidal, revestida de loza.
Museo
Abierto del Descubrimiento: Es un museo natural, a cielo abierto,
donde las galerías son playas, valles y senderos naturales y el
acervo un conjunto de accidentes geográficos y núcleos urbanos
tradicionales, dispuestos como piezas en exposición permanente,
descriptos en documentos antiguos, distribuimos a lo largo de los 130kms.
del histórico litoral sur de Bahía.
Isla
del Pirata: Considerado uno de los más sofisticados acuarios
de América del Sur, la Isla de Pirata es un centro de entretenimiento
temático que combina preservación de la naturaleza y de la
biodiversidad marina, a través de acuarios gigantes, con una superestructura
de entretenimiento nocturno. El acceso se realiza exclusivamente
por barco.
Vila
de Arraial D´Ajuda: Descubierta por el movimiento hippie en
la década del 70, Arraial D´Ajuda cobró fama internacional
con su simplicidad elegante. Su construcción desordenada transformó
las calles en senderos entre el mar y la mata. Seducidos por una
atmósfera especial, aventureros de los más diversos países
llegaron y se establecieron, transformando a Arraial en la “Esquina del
Mundo”, como es conocido.
Buceo:
En frente al Arrecife Coroa Vermelha, existen diversos navíos naufragados,
así como innumerables arrecifes por toda la costa que forman excelentes
puntos para los buceadores.
Vida
nocturna: No deje de pasear por la famosa “Passarela do Alcool”,
tomar unos tragos “capetas”, cenar con música en vivo y comprar
recuerdos de la zona, o ir a “Capitania dos Peixes”, en la isla de Pacu,
donde hay un ambiente ecológico con música y decoración
de variados géneros, al lado de acuarios gigantes.
Reserva
indígena de Jaqueira: Un enorme tronco de jaqueira, tirado
por la propia naturaleza, representa la vuelta a los orígenes y
sirve de referencia histórica y cultural de los ancestros de la
tribu Pataxó, las familias que se mudaron recientemente para esta
reserva de 827 hectáreas.
MACEIÓ
La hermosa
ciudad de Maceió, en los últimos años ha captado las
preferencias de cariocas, paulistas, mineiros y otros nacionales debido
a sus paradisíacas aguas y a sus kilómetros de playas.
Instalada sobre
una península que se interna por el verde mar del estado de Alagoas,
su capital es una invitación a quienes buscan sol y agua fresca,
como dicen ellos. 5 playas urbanas se suceden cada una con su particularidad.
Ponta Verde suele ser la más animada durante el día cuyas
barracas entre cocoteros suelen ofrecer numerosos camarones y mucha caipiriña.
Sete Coqueiros se destaca por sus concurridas piscinas naturales y sus
ferias de artesanía al aire libre. En Pajucara su intensa
vida nocturna se suma al singular record en el país como la urbe
que más cantantes se presentan en una noche. Y por último
Jetiúca, cuyas blancas arenas se mezclan junto a alternativas de
surf, snorkel, y windsurf.
Su historia
se remonta a los tiempos en que el azúcar era la principal riqueza
de la región. Fértiles suelos y enormes haciendas sirvieron
como cimientos fundadores del balneario pero sólo en el siglo XIX
hubo un real impulso al crecimiento.
Hoy niños,
jóvenes y adultos disfrutan todo el año de diferentes atracciones
como sus paseos en jangada –barcos típicos de los pescadores locales-
o de sus muestras de artesanía en las riberas de las bellas lagunas
de Mundaú y Manguaba. Otras alternativas son visitar el histórico
barrio de Jaraguá con su caserío colonial y calles adoquinadas,
o bien incorporarse a alguna de sus travesías hacia la paradisíaca
playa do Gunga, donde le recomendamos subirse a un ultraligero y contemplar
inolvidables panorámicas desde lo alto.
La infraestructura
de servicios está absolutamente diseñada en función
del entorno costero. Cabañas, hoteles, posadas y sitios de
camping se extienden desde el centro hacia los alrededores en medio a excelentes
restaurantes, bares y discotecas donde ritmos como el Forró y el
Pangode fluyen de improvisados grupos que se reúnen a compartir.
Mucho schoop, camarones y pescados acompañan su buena mesa junto
a un generoso sol y una noche llena de estrellas.
Si bien su
patrimonio histórico no se compara con el de sus hermanas Recife
o Salvador, existen sitios interesantes que merecen una visita. Es
el caso de la iglesia de Bom Jesús dos Martirios, levantada en 1870,
que cuenta entre sus visitas ilustres la presencia del ex emperador del
Brasil, Don Pedro II, y su esposa la emperatriz Teresa Cristina.
El Museo Pierre Chalita y el Teatro Deodoro adornan su núcleo urbano
que asistió el paso de uno de los políticos más cuestionados
del país, el ex presidente destituido Fernando Collor de Melo, quien
fuera gobernador de este estado antes de su candidatura al poder ejecutivo.
Otra opción
ciertamente inolvidable es arrendar un buggie y dirigirse a las impresionantes
dunas de Marapé. Recorriendo sus quebradas e inclinadas pendientes
el turista podrá alternar su travesía junto a hermosos acantilados
frente al litoral y a la laguna de Jequiá.
Lo que no
se puede dejar de hacer:
Catedral
de Nossa Senhora dos Prazeres: Construida por el arquitecto francés
Auguste Montigny (el mismo que proyectó la Candelaria, en Río
de Janeiro), fue inaugurada en 1859. La iglesia se transformó
en catedral metropolitana en 1900 por decisión del Papa León
13.
Iglesia
Bom Jesus dos Martírios: Data de 1881. Su fachada está
recubierta de azulejos portugueses con diseños azules. En
el interior, se destacan los cristales que iluminan la iglesia. Está
ubicada frente al Palacio de Gobierno.
Iglesia
Nossa Senhora do Livramento: Arquitectura neoclásica de comienzos
de este siglo. En el techo de la iglesia, hay una gran pintura de
la Inmaculada Concepción.
Museo
de Arte Pierre Chalita: Acervo de imágenes y cuadros de arte
sacra y profana de los siglos 17, 18, 19 e 20, de artistas brasileños
e internacionales, entre los cuales se destacan "Nacimiento de Venus”,
de Guido Reni, “Resurrección de Cristo”, de Rafael Sanzio, una “Madonna”
atribuida al atelier de Leonardo da Vinci, y pinturas certificadas de Tiziano
y Caravaggio.
Museo
Histórico y Geográfico: Innumerables piezas de arqueología
y de etnografía indígena amazónica de fines del siglo
XIX, objetos de cultos afro brasileños –fetiches, instrumentos musicales
y ropas –así como armas y demás objetos de valor histórico.
Mirador
de Sao Goncalo: Ubicado en el barrio Farol, en la parte más
alta de la ciudad, y tiene una bonita vista de la ciudad, el puerto y la
playa de Sobral.
Playa
Pajucara: La mayor atracción es el paseo de jangada hasta
la piscina natural que se forma durante la marea baja entre bancos de arena
y arrecifes, a 2 kms. de la costa. Más de 200 jangadas se
concentran delante del Hotel Pajucara Othon y llevan a los turistas hasta
el lugar, que llega a medir 200 mts. De ancho por 25 de largo. Durante
los fines de semana, Pajucara se llena de bares flotantes en jangadas que
ofrecen variedades de bebidas. En alta temporada, en esta piscina
natural, hay presentaciones de diversos grupos locales. Pero sin
dudas lo más curioso es la “telejangada”, una jangada amarilla con
una cabina telefónica celular que funciona en base a energía
solar y desde la cual se puede telefonear utilizando una tarjeta telefónica.
En las horas pico, se puede observar una fila de turistas con el mar por
las rodillas, aguardando para llamar a su familia y describirles la emoción
del momento. Otra cosa curiosa en Pajucara es el kiosko Recanto Turístico,
que queda frente al punto de encuentro de las jangadas, el cual posee un
sistema de ducha electrónica, de modo que quien sale de la playa
compra una ficha y disfruta de una buena ducha en plena calle. En
la rambla hay una feria con 200 puestos de paja, que venden artesanías
típicas de barro y cuero entre otros. Los domingos la rambla
se cierra y solo se permite el tránsito de peatones.
Playa
Ponta Verde: Playa de mar manso y llena de cocoteros, punto de encuentro
de adoldescentes.
Playa
de Sobral: Comienza en el puerto como Playa Avenida y tiene una gran
franja de arena blanca. No es indicada para baños por su polución,
pero los surfistas ignoran esta advertencia.
Playa
Jatiúca: Mar sereno, olas tranquilas, bellos cocoteros y muchas
jangadas rústicas.
Playa
Pratagi: También es llamada Mirador de la Sirena, porque posee
una estatua de una sirena en sus arenas. Cocoteros y piscinas naturales.
Pontal
da Barra: En el extremo sur de la ciudad, en el encuentro de las
aguas de la laguna Mundaú con el Atlántico. Playa salvaje,
mar fuerte, corrientes y bellísima puesta de sol. Buenos restaurantes.
Laguna
Mundaú: Varios Saveiros realizan el paseo por la laguna y
navegan entre los canales formados por sus nueve islas hasta Barra Nova,
donde la laguna se encuentra con el mar. Los pescadores pueden ser
vistos en canoas o caminando por las zonas llanas, a la caza de crustáceos
que viven en el lecho de la laguna y son especialidades de la cocina de
Maceió.
NATAL
Natal, la capital
de Río Grande do Norte, nació un día en Natal (Navidad),
más precisamente el 25 de diciembre de 1599.
Natal es una
de las más antiguas capitales de Estado de Brasil y actualmente
uno de los destinos más solicitados de Brasil.
El litoral
de Natal presenta dunas, colinas y lagunas y un inmenso cordón de
arrecifes, que atraen y encantan a sus visitantes.
Natal, conocida
como la “Ciudad del Sol”, también ofrece una vida nocturna agitada,
una religiosa cocina regional a base de frutos de mar y un sinnúmero
de fiestas populares.
Es una linda
ciudad, alegre, agradable, llena de sol y mar, balcones floridos y la gente
más acogedora del mundo. Por su posición geográfica,
Río Grande del Norte, es el punto que se aproxima desde América
al continente Africano y Europa, por ello Natal participó a través
de los siglos, de varios acontecimientos históricos en el plano
internacional y nacional.
Natal es la
cultura de un pueblo intuitivo y creador, lúcido e imaginativo,
de quienes el folclore y las artesanías son buenos ejemplos.
Natal es la brisa del Atlántico, suavizando un sol maravilloso que
brilla casi diez horas por día. Es la “Barrera del Infierno”
lanzando cohetes e impulsando el desarrollo de Brasil.
Ponta
Negra: Es una de las playas más conocidas de la ciudad.
El Morro de Careca, una duna cercada por la vegetación, es su principal
atracción.
Praia
dos Artistas: Es conocida por las manifestaciones populares y por
su agitada vida nocturna.
Genipabu:
Quien va a esta playa no puede dejar de hacer un paseo en buggy por sus
dunas, una experiencia obligada.
Pirangi:
En la misma playa el visitante conoce el mayor “Cajueiro” del mundo y puede
hacer un paseo en barco en las piscinas naturales.
Redinha:
El lugar alberga el encuentro de las aguas del río Potengi con el
mar. De su margen puede ser visto el Fuerte de los Reyes Magos.
Maracajau:
Es otra buena opción para zambullirse y bucear por su agua clara,
peces y corales.
Parque
das Dunas: Está en un área de 1772 hectáreas.
Hay senderos ecológico y mata atlántica preservada.
El lugar funciona como reserva de agua, una parte del agua consumida en
Natal es originada en las capas subterráneas de este Parque.
Las dunas están cubiertas por vegetación que fija la arena
impidiendo que sea llevada por el viento a la ciudad.
Fuerte
de los Reyes Magos: Fue construido en las proximidades del encuentro
del Océano Atlántico con el Río Potengi, sobre arrecifes,
con forma de estrella. Fue recién al final del siglo XVI que
los portugueses consiguieron establecerse en Río Grande del Norte,
y no fue casualidad que los holandeses tomaran Nata y el Fuerte de los
Reyes Magos en 1633, atraídos por esta región privilegiada.
El nombre del fuerte fue cambiado a Castillo de Keulen, en homenaje a un
comandante holandés y la ciudad pasó a llamarse Nueva Amsterdam.
Años más tarde, los portugueses consiguieron retomar la ciudad
y el Fuerte. El Fuerte aún conserva cañones, expuestos
en la parte superior.
Cajueiro
de Prangi: Con 8.400 mts.2, cuenta con el mayor “cajueiro” (árbol
de castañas de cajú) del mundo, registrado en el Guiness
Book. El área ocupada corresponde a un conjunto de 70 árboles
de parte normal. Su edad aproximada varía entre 100 y 110
años. Una anomalía provocó su crecimiento desordenado
y sus frutos (estimados entre 70 mil y 80 mil por año) pueden ser
consumidos por los visitantes. En el mismo lugar un cajueiro de tamaño
normal de una idea de dimensión de su grandiosidad.
Piscinas
naturales: Próximo al mayor “cajueiro” del mundo, el turista
se puede embarcar en un paseo en barco en la Marina Badaué.
Los paseos duran aproximadamente dos horas, con paradas de buceo en las
piscinas naturales y paseos por los arrecifes. Los barcos están
equipados con bar y disponen snorkels y sandalias especiales.
Dunas
fijas y móviles de Genipabu: Con o sin emoción?
Esa es la pregunta más escuchada por quien visita las dunas.
Teniendo como guía un conductor especializado el turista se asegura
un paseo agradable. Especialistas en maniobras osadas en las dunas,
los conductores son también una atracción en Genipabu.
Aerobunda:
Es una de las diversiones de la laguna de Jacumá. Una sillita
atada por cabos lleva al visitante a una zambullida en la laguna de agua
dulce. Si quiere apreciar el paisaje desde lo alto de la duna, esta
es una buena oportunidad. Pero si quiere emoción, es solo
pedirla. Quien no sabe nadar o no se quiere mojar puede esperar que
la sillita pare y volver a la duna en un barquito.
Barrera
del Infierno: El Centro de Lanzamiento Barrera del Infierno, es una
organización del Comando Aeronáutico. Su misión
es ejecutar las actividades de lanzamiento y rastreo de proyectos aeroespaciales.
Las visitas se pueden realizar dentro del horario establecido.
Centro
de Turismo: Antiguo presidio, el predio alberga actualmente “celdas”
con expositores de artesanías locales.
Chaplin:
Localizada en la playa de los Artistas, la casa nocturna dispone de diversos
ambientes, con pistas de baile y bar.
Zás-Tras:
Restaurante típico, ofrece shows de forró y shows folclóricos,
así como menús regionales
.
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