Estados Unidos
Tres imperdibles
neoyorquinos
La bohemia
de Brooklyn
Del otro lado
del East River, en Brooklyn, a sólo una parada de subte de Manhattan
por la línea L, está este barrio bohemio, donde viven muchos
artistas, diseñadores, músicos, escritores y estudiantes.
La vida tranquila, los autos y las casas de distintos colores contrastan
con la opulencia de la Gran Manzana. Muchas bicicletas y algún skate
se suman a los medios de transporte. En las paredes hay murales, graffiti,
y no es raro encontrarse con alguno que esté siendo pintado en el
momento.
El circuito
comercial no es demasiado amplio, se extiende sobre todo por las calles
Berry y Bedford, entre la Sexta Norte y la calle Grand. Boutiques con diseños
propios, hallazgos vintage, tiends de accesorios, de objetos de decoración,
galerías de arte y puestos callejeros que ofrecen ropa, collares
y cuadros, todo de segunda mano. Cuando el clima lo permite, los bares,
restaurantes y cafés acomodan mesas en la vereda, ideales para sentarse
a descansar un rato, ver la gente pasar y respirar un poco de ese aire
de cambio. Más allá de esas cuadras no hay muchos más
negocios, pero si las casas y la vida de barrio cosmopolita.
Chelsea
Market
Dentro de
un enorme edificio de ladrillos en el Meat Packing District se encuentra
el Chelsea Market, en parte de lo que una vez fue la fábrica National
Biscuit Company (Nabisco), donde se hornearon las primeras galletitas Oreo.
En esta suerte de paseo de compras gourmet se puede adquirir insumos de
gastronomía, comida para llevar, observar el proceso de elaboración
de los productos a través de las vidrieras, y resulta una buena
opción para almorzar. Hay negocios especializados en café,
vino, flores, langostas vivas, helados, panes frutas, y muchos son proveedores
de restaurantes. El T Salon ofrece una enorme variedad de tés e
infusiones. Una curiosidad son los tes florecientes (3 por US$ 6): unas
pequeñas bolitas hechas con hojas secas de té verde que esconden
una flor en su interior. Cuando se vierte sobre ellas el agua caliente,
se abren y reviven los pétalos. Pero el efecto no es instantáneo,
hay que esperar un ratito. En el local, que tiene las paredes cubiertas
de frasquitos, funciona un bar y en el fondo hay mesas que reciben la luz
de una gran ventana.
www.chelseamarket.com
Gramercy
Park
Uno de los
mayores encantos del recientemente reinaugurado Gramercy Park Hotel es
que los huéspedes reciben una de las preciadas llaves para ingresar
al último parque privado de Nueva York, el Gramercy Park, celosamente
reservado a los residentes de la zona. Y aunque para el resto de los mortales,
confinados a mirar desde las rejas, el espacio entre arrote y barrote deja
ver poco y nada, vale la pena acercarse hasta este rincón de la
ciudad.
Se puede entrar
en el hotel para ver la ecléctica decoración del lobby y
de los dos bares contiguos, con obras de artistas del siglo XX, como Andy
Warhol y Jean-Michel Basquiat. La inspiración es renacentista, opuesto
del minimalismo: colores como el bordó o el azul, mucho terciopelo,
una araña de vidrio veneciano soplado a mano, techo de madera de
ciprés, una alfombra con motivos del siglo XIV, e iluminación
teatral. Donde termina la Avenida Lexington, este hotel abrió por
primera vez en 1925. |