Safari
- Africa, reino animal
De Sudáfrica
a Tanzania, los mejores parques y reservas para ver de cerca, a veces muy,
a veces no tanto, a los famosos big five, además de gorilas, jirafas
y animales exóticos. Opciones, consejos y propuestas. Hacer un safari
en Africa es como vivir en un universo paralelo por unos días. Un
universo en el que, de pronto, parecería que lo único que
existe son animales, lo único que importa es qué animales
se vieron ese día y prácticamente de lo único que
se habla es, sí, de animales. Que el hipopótamo es el animal
más peligroso de todos, que el embarazo del elefante dura casi dos
años, que hace no tanto un león se engulló a un turista
japonés que se bajó del Jeep..., y así.
Claro que no
todos los safaris son iguales, ni todas las reservas ni todos los paisajes.
Africa en sí mismo es tan grande y tan diverso que, en palabras
de Ryszard Kapuscinski, no existe. "Sólo por una convención
reduccionista, por comodidad, decimos Africa", sentenciaba el periodista
y escritor polaco.
De todos modos
es inobjetable que la extraordinaria fauna salvaje que reúne el
continente africano tiene pocos parangones en el mundo.
¿Quiere
ver elefantes? El Parque Nacional Addo Elephant, en el Cabo Oriental de
Sudáfrica, fue fundado en 1931 con los 11 elefantes que quedaban
en la región; hoy concentra más de 450. Casi nada, si se
compara con los 120.000 paquidermos del Parque Nacional de Chobe, en Botswana,
mayor reserva de elefantes del mundo.
¿Lo
suyo son los gorilas? El Parque Nacional Impenetrable de Bwindi, en los
brumosos bosques de Uganda, alberga casi la mitad de los gorilas de montaña
que quedan en libertad en todo el planeta. Del otro lado de la frontera,
en Ruanda, está el Parque Nacional de los Volcanes, donde vivió
y fue brutalmente asesinada Dian Fossey. La zoóloga norteamericana
fue la primera persona que consiguió habituar a los primates a la
presencia humana y, gracias a su labor, hoy es posible acercarse a ellos
(a ocho familias de gorilas, más precisamente), previo pago de 500
dólares y acatando una serie de normas (como hablar en voz baja,
mantenerse siempre en grupo e incluso, ante la presencia del macho dominante,
tenderse en el suelo en actitud de sumisión).
¿Prefiere
ver animales exóticos o poco comunes? El Samburu, en Kenya, es una
buena opción. Aquí encontrará las famosas jirafas
reticuladas, con sus manchas rojizas; la cebra real, de rayas más
estrechas y numerosas; el gerenuk, gacela de cuello larguísimo y
orejas prominentes; el avestruz somalí, con su pescuezo azulado,
o el oryx, un antílope que se parece a un caballo. Pero lo cierto
es que, más allá de las aficiones del público y del
infinito abanico de opciones de cada parque, la mayoría de los turistas
-en especial, los que se aventuran en Africa por primera vez- busca hacer
el clásico safari de los big five, o los cinco grandes mamíferos
que todos quieren ver: león, elefante, rinoceronte, búfalo
y leopardo. Y además, claro, hay un surtido de actores secundarios
como hipopótamos, monos, hienas, jirafas, ñus y tantos otros
que uno ni siquiera sabe que existen.
Cómo:
En rigor,
casi todos los safaris siguen más o menos la misma rutina: dos salidas
diarias, una al amanecer y otra poco antes de la caída del sol,
cuando los animales están más activos, salen a cazar y ya
no se esconden para resguardarse del calor. Lo usual es hacer el avistamiento
desde los Land Rover o Jeep en grupos de seis a ocho personas, aunque también
hay algunas variantes más sofisticadas, como los safaris a caballo
(generalmente se hacen en Botswana), en camello (Kenya) o sobre el lomo
de un elefante (Sudáfrica). En este último caso, más
que un safari en sí se trata de un paseo de no más de dos
horas, no sea cosa que el elefante se estrese y el desprevenido jinete
termine rodando por el piso.
También
está la opción, cada vez más popular, del walking
safari o el safari caminata. Nuevamente vendría a ser una suerte
de complemento del gran safari , un recorrido que se hace en las horas
muertas del mediodía, cuando los animales han comido, están
más tranquilos o directamente descansando, como es el caso del león
(que duerme un promedio de 19 horas por día). Siempre en fila india,
en estricto silencio, escoltado por un ranger y su tracker -o asistente-,
el grupo se interna en senderos inaccesibles para los vehículos,
atento a detalles que sobre ruedas pasarían desapercibidos. Así
se descubren desde huellas de predadores hasta serpientes o nidos de arañas.
Y sí también se ven algunos de los grandes, aunque siempre
a una distancia prudencial.
Dónde:
Aun tan importante
como saber qué clase de safari se quiere hacer es elegir el país
donde hacerlo.
Sudáfrica
es, por lejos, el preferido de los argentinos a la hora de emular a Karen
Blixen (en cuya autobiografía se basó la película
Out of Africa ). Más allá de la renombrada fama de sus parques
y de ser la escala más directa desde Buenos Aires, es el único
país de la región donde alquilar un auto y moverse por cuenta
propia no termina siendo una ruleta rusa. Todo lo contrario: las rutas
son excelentes, seguras y están perfectamente señalizadas,
mientras que los autos con GPS incluido ya no sorprenden a nadie. Un dato
no menor es la tremenda inversión en infraestructura, con caminos
y autopistas a la cabeza, que el país está encarando en vistas
al Mundial de fútbol 2010.
Dentro de Sudáfrica,
el parque estrella es sin duda el Kruger, que con sus dos millones de hectáreas
tiene el mismo tamaño de Israel. La reserva cuenta con una amplia
red de caminos asfaltados, que se pueden recorrer libremente en autos particulares,
aunque está terminante prohibido salirse del camino y, a veces,
hay que resignarse a ver una familia de leones junto a otros 15 vehículos
arremolinados alrededor.
En el otro
extremo, las siete u ocho concesiones privadas que existen dentro del parque
son mucho, mucho más exclusivas. No sólo porque garantizan
el encuentro cara a cara con algún animal, sin turistas ni asfalto
de por medio -y de la mano de un guía de ojo entrenadísimo,
por supuesto-, sino también por el lujo superlativo de sus lodges,
que se amolda increíblemente bien al concepto de vida salvaje. Sin
ir más lejos, el Singita Private Game Reserve ( www.singita.com
) fue elegido este año nada menos que como mejor hotel del mundo,
según la revista Travel & Leisure . Hablamos de precios astronómicos,
claro, algo así como 1500 dólares la noche por persona (con
todo menos el spa incluido, incluso la lavandería, los licores y
los safaris nocturnos).
Además
del Kruger, la zona de Port Elizabeth, en el Cabo Oriental de Sudáfrica,
es muy popular entre familias, sobre todo por ser una zona libre de malaria.
Los parques y las reservas de la zona -cuyo tamaño varía
entre las 3000 y 25.000 hectáreas- están vallados, con los
pros y los contras del asunto: menos autenticidad (y si los animales están
separados, sobre todo en las reservas más chicas, olvídese
de ver un león devorándose una cebra, por ejemplo) versus
mayor posibilidad de ver más animales.
Sería
interminable nombrar todos los parques de todos los países de la
región. Sólo Kenya, por ejemplo, cuenta con más de
50, aunque el Masai Mara es en este país el parque de los parques.
Famoso por su nutrida población de leones y por ser el hogar de
especies amenazadas como el rinoceronte negro y el guepardo, el Masai Mara
es, en realidad, una continuación del Parque Nacional Serengeti,
en Tanzania, en cuya inmensa llanura dorada (15.000 km2) se inspiraron
los paisajes del Rey León .
Pero mucho
antes que la película de Disney, el Serengeti fue desde siempre
el escenario privilegiado de uno de los espectáculos más
extraordinarios de la naturaleza: la migración anual de 1,4 millones
de ñus y 200.000 cebras a través de la extensa planicie y
hasta las colinas del Masai Mara, donde crecen pastos nuevos y frescos.
Los mejores meses para presenciar la estampida son junio, julio y agosto,
cuando los animales corren en ordenado tropel por la sabana de acacias.
Mala época,
sin embargo, para visitar otro de los parques más populares de Tanzania,
el cráter del volcán Ngorongoro. Esta gigantesca Arca de
Noé, un área relativamente pequeña cuyas ricos pastos
y agua permanente sirven de refugio a más de 30.000 animales, está
atestada de turistas durante esos meses. De todos modos hace dos años
se limitó la visita al cráter a medio día, en un intento
de reducir a la mitad el número de autos.
Así
y todo, Tanzania, y también su vecino Kenya, son algunos de los
territorios más autóctonos para hacer un safari. Además,
el hecho de que sus principales parques estén alejados de los grandes
núcleos urbanos les permite conservar algo que cada vez es más
raro en Africa: los animales se desplazan libremente, sin vallas ni alambrados
ni otros obstáculos. Y aunque tres partes de su territorio sean
técnicamente un desierto, Botwsana también se está
perfilando como un paraíso para el avistamiento de vida salvaje,
con el Delta del Okavango como uno de los santuarios de aves y animales
más asombrosos de Africa.
Aunque los
que saben dicen que los próximos países que se vienen en
materia de safaris son Angola, Mozambique y Zimbabwe (que solía
serlo antes de sumirse en la feroz convulsión política y
social que todavía lo tiene en jaque). Habrá que esperar
un par de lustros para comprobarlo.
Haciendo
números:
Conviene consultar
con diferentes agencias y saber qué se quiere hacer antes de decidirse
por algún safari. Porque hay paquetes para todos los presupuestos,
desde US$ 2200 (con aéreo a Johannesburgo, alojamiento fuera del
Kruger y safaris en la zona pública del parque) en adelante, en
las reservas y lodges más exclusivos. El promedio de días
para un safari son dos, y los precios de los lodges arrancan en los US$
400 o 500 por noche, por persona. Algunas de las agencias y mayoristas
que ofrecen programas de safari son Swan Turismo ( www.swanturismo.com.ar
, tiene un paquete de 14 días en Sudáfrica), Piamonte ( www.piamonte.com
, con viajes a Sudáfrica, Kenya y Tanzania) y Barceló Viajes
( www.barceloviajes.com.ar , para ver gorilas en Uganda).
Visitas
a tribus:
Cada vez más,
y como actividad complementaria, los safaris incluyen visitas a poblados
de las tribus locales, como los masai en Kenya o los himba en Namibia.
De todos modos hay que ser especialmente cuidadosos para no convertir las
aldeas en una suerte de Disneylandia africana, además de saber reconocer
la autenticidad de cada una: no es lo mismo un hombre blanco vestido de
guerrero zulú en un show montado para turistas en Durban, por ejemplo,
que un auténtico pastor nómada que abre las puertas de su
casa (en el verdadero pueblo donde vive) para mostrarle al visitante cómo
vive y compartir algunas de sus costumbres con él.
Lluvias
y vacunas:
Las mejores
épocas para hacer safaris varían según el país,
la temporada o lo que se busque ver. Por ejemplo, en Kenya suele llover
de marzo a mayo. Algunos países como Mozambique se derriten del
calor en enero y febrero (además, conviene saber que en verano los
animales son más difíciles de ver ya que se resguardan del
calor). Sudáfrica es óptima para hacer safaris durante todo
el año, o el Serengeti, en Tanzania, está lejos de ser caluroso,
al estar a 1700 metros sobre el nivel del mar. Sí es importante
tener en cuenta que ningún país de la región está
libre de la malaria, y algunos como Kenya y Tanzania también requieren
la vacuna de la fiebre amarilla. |